MAYO

El bicentenario y los trabajadores

Argentina toda vive en estos días un magno aconteci­miento que, como en las jornadas de Mayo de l810 y las del Primer Centenario en 1910, tie­ne para todos los que habitamos este bendito país una carga enor­me de esperanzas y anhelos com­partidos y, como reverso de una misma moneda, un cúmulo de in­quietudes e interrogantes que nos plantea el camino a recorrer en el Tricentenario, como Nación, como Pueblo y como Sociedad. (Editorial de Proyecto Federal Nº 10)

Esta Federación Argentina de Trabajadores de Farmacia y los treinta y tres sindicatos que la conforman, y en nuestra condi­ción de integrantes del Movimien­to Obrero Organizado Argentino, compartimos el júbilo, la emoción y el orgullo de conmemorar este Bicentenario de la Patria y rendi­mos nuestro homenaje y justo re­conocimiento a quienes aquel 25 de Mayo de 1810 iniciaron la mar­cha hacia el futuro de nación libre y soberana.
Dos siglos en la vida de una na­ción puede considerarse poco o mucho tiempo, según el grado de desarrollo que haya alcanza­do como tal y los hechos vividos y la manera en que transitó ese tiempo. Pero el parámetro incon­trastable será, es, el que expresa y refleja su realidad actual tanto en lo político, económico y social, como en lo cultural, educativo y científico.
Desde nuestra perspectiva, ob­servamos que la realidad nacio­nal de este tiempo representa, en síntesis, los frutos de las duras y permanentes luchas del Pueblo enfrentando a los sectores domi­nantes que, una y otra vez a lo largo de los doscientos años que celebramos, procuraron a toda costa atrasar el reloj de la histo­ria para que Argentina siga siendo una neo-colonia de los imperialis­mos de turno.
Hoy, esos sectores lucen derrota­dos políticamente y arrollados por la fuerza del Pueblo que enfrentándolos ha logrado avanzar con la Democracia, luego de arrancar­la de las garras de la dictadura ge­nocida y vendepatria, cargada so­bre sus espaldas desde hace más de 25 años.
Ese descomunal esfuerzo colectivo fue sustentado con sangre, sudor y lágrimas de millones de argentinos que hoy pueden ver y compro­bar que muchas de las cosas por las que lucharon dejaron de ser utopías para transformarse en rea­lidades tangibles que los contienen e incluyen, y fundamenta la certe­za de que el Tricentenario que se inicia en estos días consolidará de­finitivamente y de forma irreversi­ble el país, la nación y la sociedad que los hombres de Mayo de l810, y especialmente los muchos miles de luchadores sociales del Movi­miento Obrero, anhelaron.
Queremos resaltar el aporte in­conmensurable de ese Movimiento Obrero para que el bicentenario que hoy celebramos exprese esa realidad. La movilización de la cla­se trabajadora y su presencia pro­tagónica cubrió toda la segunda centuria, cuando sus luchas recla­mando por sus derechos repre­sentaban la resistencia a las igno­minias y explotación y al poder de una oligarquía antinacional y anti­popular.
Desde principios del siglo XX hasta nuestros días, el Movimiento Obre­ro Argentino estuvo siempre pre­sente con sus reclamos y sus pro­puestas. Durante los años que van de l910 a l943 fue una lucha tan persistente como desigual, pues debía enfrentarse a todos los po­deres constituidos: el Estado que lo rechazaba, la oligarquía terrate­niente omnipotente y omnipresen­te, y la incapacidad y hasta nece­dad de los partidos políticos, que no supieron o no quisieron com­prender la naturaleza intrínseca del movimiento obrero que en los últi­mos años de esa época había expe­rimentado una transformación sus­tancial al influjo de la presencia de un nuevo actor social: los cabecitas negras de la migración interna.
A partir de l945 su protagonismo como sujeto social y político fue ya insoslayable e insustituible. Su rico historial lo tuvo como protagonista central en más de una ocasión en la que estuvo en juego el destino de la Patria y los derechos e intereses vitales de la clase trabajadora y el pueblo en general.
El l7 de octubre de l945 fue “el subsuelo de la Patria sublevada” y fundó para los tiempos un cam­bio revolucionario que llega hasta nuestros días, un cambio que lo constituye como el factor deter­minante de la política nacional. Luego seguirían etapas trascen­dentales en la vida de la Nación y del pueblo, donde siempre estuvo presente no solo para ofrendar sus mártires, sino principalmente para orientar los rumbos del país y de la sociedad.
Los documentos que expresan su pensamiento nacional y popular, su vocación democrática como así también sus compromisos con la Nación y su pueblo vieron la luz en momentos cruciales para nues­tro destino como nación. La Falda en l957, Huerta Grande en l962, la CGT de los Argentinos en l968, los 21 puntos de la CGT en l986, y el Documento del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) en el apogeo del neoliberalismo que hundió al país en la década del 90.
Por eso, con la autoridad que le otorga su historia, sus luchas, sus sacrificios y sus aportes a lo largo de más de la mitad de los doscien­tos años de la Patria, hoy el Movi­miento Obrero Argentino está de pie junto al Gobierno Nacional y Po­pular, y confiando en que la marcha ascendente iniciada en el año 2003 llevará a la Nación a consagrar de­finitivamente el Estado de Derecho y el Estado de Justicia, que serán los cimientos inconmovibles de una Nación socialmente justa, política­mente soberana y económicamen­te libre, para que el Tricentenario encuentre a la Argentina entre los mejores países del mundo.

Roque Garzón
secretario general

 

 


 




 

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