Julio 2011

Una bisagra en la historia

Néstor Car­los Kirchner cerraba su primer mensaje como Presidente de la Nación, ante el Congreso Nacional. Y justo ahí, en ese instante, comenzaba a forjarse una bisagra en la historia de la Argentina como nación y como pueblo. Una bisagra que separa un largo tiempo de decadencia ruinosa del país y el empobrecimiento y exclusión de la mayoría de sus habitantes, de la realidad actual que es ya la concre­ción de los sueños que nos proponía aquel hombre. Por Manuel Reyes

“Vengo a proponerles un sueño. Recons­truir nuestra propia identidad como pueblo y como nación.
Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia.
Vengo a proponerles un sueño, el de vol­ver a tener una Argentina con todos y para todos.
Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida. Quiero una Argen­tina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo.
Anhelo que por este camino se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación. La nuestra”. Buenos Aires, 25 de mayo de 2003.

Con estas palabras, Néstor Car­los Kirchner cerraba su primer mensaje como Presidente de la Nación, ante el Congreso Nacional. Y justo ahí, en ese instante, comenzaba a forjarse una bisagra en la historia de la Argentina como nación y como pueblo. Una bisagra que separa un largo tiempo de decadencia ruinosa del país y el empobrecimiento y exclusión de la mayoría de sus habitantes, de la realidad actual que es ya la concre­ción de los sueños que nos proponía aquel hombre.
Fue una profecía del destino, expresada y sentida hondamente por quien luego la protagonizó y la hizo realidad.
Hoy Argentina reconstruye a diario su pro­pia identidad histórica, política, cultural y social. Es algo que se ve, se siente, que el pueblo lo hace suyo porque vuelve a ser el sujeto protagónico de los grandes aconte­cimientos nacionales.
Ahí están, como hitos de esa reconstruc­ción, las decisiones soberanas y las actitu­des y posicionamientos firmes, claros y va­lientes, del gobierno de Néstor Kichner del 2003 al 2007 y el de Cristina Fernández de Kirchner del 2007 hasta estos días.
¿Dónde se visualizan con mayor claridad? En la política encarada sobre los Derechos Humanos, con el apoyo y promoción de los paradigmas de Verdad, Memoria y Justicia, y la demolición de las murallas que garan­tizaban la impunidad, como lo fueron las leyes del perdón de Alfonsín y los indultos de Menem.
En la recuperación de la Soberanía Nacio­nal frente a los organismos financieros in­ternacionales, prácticamente expulsando al Fondo Monetario Internacional y sacán­dose de encima de esa manera un tutelaje humillante y absolutamente contrario a los intereses del país que, es necesario remar­car, fue emprendido por la dictadura de Aramburu y Rojas en 1956.
En la renegociación de la deuda externa con los tenedores privados de bonos, que per­mitió quitas cercanas al 50% e hizo posible la salida del default en que nos sumió la crisis del 2001, neutralizando y anulando presiones y condicionantes sobre la econo­mía nacional, en especial la formulación y puesta en marcha de un Nuevo Modelo de Desarrollo con Inclusión Social.
En la política de reindustrialización, que miles de establecimientos que estaban pa­ralizados y otros trabajando a menos del 50% de su capacidad, así como la instala­ción de más de 10.000 nuevos estableci­mientos.
Más cerca del ámbito sindical, con la restau­ración de las Negociaciones Colectivas en el escenario de la emblemática Ley 14.250 con pleno funcionamiento de las paritarias de trabajadores y empresarios y la partici­pación proactiva del Estado, creando así un marco propicio para discutir la redistribu­ción del ingreso como componente esen­cial de la Movilidad Social Ascendente.
En la disminución de la desocupación del 22% al 8% con la creación de más de 500.000 nuevos puestos de trabajo.
En las políticas de Inclusión Social donde hay que destacar el mejoramiento de la Educación en cantidad y calidad, con más de mil escuelas nuevas. El aumento del porcentaje del Presupuesto Nacional que ahora es del 6,45 %, sobre el magro 2% del 2002.
En la Asignación Universal por Hijo (AUH) que aumentó la matrícula en un 25%. En el Plan Nacer con la extensión de la AUH que implica un mayor control del embarazo y que alcanza hasta ahora a más de 400.000 madres.
En el posicionamiento y protagonismo en el ámbito de las relaciones internacionales con una identidad fuertemente nacional y latinoamericanista, que ha llevado a la Ar­gentina a destacarse en los foros más im­portantes y, lo que es de mayor enverga­dura, el rol central en la promoción y con­creción de la UNASUR y el mayor impulso al MERCOSUR, contribuyendo a fortalecer el bloque regional sudamericano en el con­texto mundial.
Estas son sólo algunas de las decisiones y políticas de estado del nuevo tiempo que signa la marcha del país con certezas so­bre su rumbo. Por eso la consigna “nun­ca menos” no significa solamente “ni un paso atrás”. Es la síntesis de una decisión y una voluntad arraigada en la sociedad en su conjunto, en especial los sectores que fueron más perjudicados por las políticas económica, social y cultural del neolibera­lismo salvaje que dominaron la vida nacio­nal a lo largo de tres décadas.
Esa convicción se expresa hoy en la valora­ción positiva mayoritaria de la gestión de gobierno y conducción de los destinos de la Nación de la Presidenta Cristina Fernán­dez de Kirchner, y también en la confianza de su condición de verdadera estadista y en su liderazgo político fuerte e indiscu­tido.
En esa perspectiva se sitúan las elecciones del 23 de octubre próximo, por un lado la demanda de seguir avanzando en el rumbo iniciado en el año 2003 para profundizar el actual modelo de nuevo desarrollo e in­clusión social. Por otro lado, apoyar electo­ralmente a quien ha mostrado capacidad, fortaleza y valentía en el ejercicio de su rol, y en quien confía que podrá enfrentar con éxito los grandes desafíos que le impondrá la realidad nacional, la región latinoameri­cana y mundial.
Los trabajadores somos conscientes de esto, por eso seguramente estaremos allí, apoyando también la reelección de nuestra compañera Cristina Fernández de Kirchner porque la historia de las luchas sociales y el recuerdo de muchos compañeros que fueron parte de ella y hoy no están física­mente con nosotros, nos convocan a de­fender la recuperación de los derechos y conquistas de los trabajadores alcanzados hasta hoy, y procurar que sea completa.
La bisagra que separó dos épocas con sus realidades diferentes ya es historia. Hoy, Argentina se apresta a transitar una etapa superadora de la iniciada en el 2003. Aho­ra “vamos por más”, muchos se sorprende­rán, y muchos más lo festejaremos.

 

 

 

 


 




 

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