MARZO 2015

Argentina, 2015 y después

Al final de 2015, asumirá el presidente de la Nación que resulte electo en los comicios previstos para el mes de octubre. En ese momento se cumplirá doce años la etapa iniciada el 2003 por el Presidente Néstor Carlos Kirchner y continuada por la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiempo apropiado para que los trabajadores hagamos una valoración objetiva de ese lapso para elaborar nuestra perspectiva para los años siguientes.

Antes de abordar el tema que titula esta columna vale esta aclaración: Sin pretender evadirse de la realidad de un tiempo deliberadamente convulsionado en que la población toda está sometida a un virtual bombardeo mediático por el caso Nisman, hecho penoso y doblemente condenable por tratarse de la muerte de un ser humano en circunstancias trágicas, y  por su utilización política canallesca y con fines que no es exagerado señalar como desestabilizantes de la Democracia, optamos por referirnos al hecho democrático que inexorablemente dará lugar a una nueva etapa y que tendrá a la ciudadanía como protagonista principal y decisorio, con el fin de aportar desde aquí una opinión que sirva para reflexionar sobre el mismo.  
Al final de este año 2015, más precisamente el 10 de diciembre asumirá el presidente de la Nación que resulte electo en los comicios previstos para el mes de octubre. En ese momento se cumplirá doce años la etapa iniciada el 2003 por el Presidente Néstor Carlos Kirchner y continuada por la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiempo apropiado para que los trabajadores hagamos una valoración objetiva de ese lapso para elaborar nuestra perspectiva para los años siguientes.
Necesariamente hay que incluir un repaso fugaz sobre los veinte años anteriores al 2003 para determinar parámetros comparativos, recordando cómo estábamos, cómo estamos hoy, establecer hacia dónde vamos o debiéramos llegar. Así, cuando el ex Presidente Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación en aquel 25 de Mayo, no sólo se comenzaba a escribir la historia del presente sino también a cerrar una etapa de 20 años de democracia restringida con el pueblo sojuzgado y excluido como sujeto político y social. Pensemos en aquel amanecer del 10 de diciembre de 1983 cuando los resplandores de la democracia recuperada iluminaban el cielo de la Patria y las esperanzas del pueblo, hasta aquellos sombríos y trágicos días de diciembre del 2001 y 2002, en los que el país y la sociedad en su conjunto presenciaban y sufrían impotentes el vertiginoso derrumbe de la Nación hacia el abismo.

LA BISAGRA DEL 2003
Aquel desmoronamiento de los cimientos del sistema democrático y constitucional se llevó puestas todas las expectativas, esperanzas y credibilidad en la Democracia y sus instituciones. Pero como los pueblos no se suicidan sino que por el contrario tienen la capacidad de recuperarse de las más terribles tragedias y desastres, en nuestro caso el pueblo argentino recuperó la democracia y sus instituciones, y reinició la marcha, como en aquellos tiempos del 17 de octubre de 1945, del 11 de marzo de 1973 y del 30 de octubre de 1983, el 25 de mayo del 2003 una vez más fue una bisagra en la historia, estableciendo  un antes como el pasado al que la inmensa mayoría del pueblo argentino no quiere volver, y un después que fue forjando poco a poco y contra muchísimas dificultades un presente promisorio y alentador para volver a creer y tener esperanzas y certezas sobre su futuro.                                                                                                                                                     Por eso, aquellas palabras de Néstor Kirchner al asumir como presidente de todos los argentinos “vengo a proponerles un sueño”,  interpretaban el sentimiento, los anhelos y las esperanzas de la inmensa mayoría de quienes habitamos esta bendita nación. Esa frase fue y sigue siendo una consigna y una arenga para no cejar en los esfuerzos hasta lograrlo completamente.
Grande ha sido la recuperación económica y social alcanzada. Todos sus indicadores y estadísticas lo demuestran. Quien quiera comprobarlo solo tiene que recurrir a fuentes informativas estatales, de organismos internacionales, de instituciones no gubernamentales, etc., en tanto no sean representantes y voceros al servicio del poder económico concentrado internacional y sus socios menores dentro del país, que propalan datos falsos o tendenciosos.
Hoy la Argentina y su pueblo están de pie defendiendo a rajatabla su soberanía y  autodeterminación como nación independiente, así como acentuando su presencia en los foros internacionales y constituyéndose conjuntamente con otros países de la región sudamericana en protagonistas necesarios de un tiempo que se avizora como el “de la hora de los pueblos”. La hora del  inicio de una gesta de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que, cuestionando las bases de un sistema hegemónico mundial y sus instrumentos neo-liberales de capitalismo financiero, serán determinantes para establecer  un Nuevo Orden Internacional más justo, más democrático y más humano.
En nuestro país un cúmulo de acciones y medidas adoptadas por los gobiernos de Néstor  y Cristina Kirchner, cuya enumeración y descripción exceden el motivo de esta nota son el motor de la transformación de la Argentina del 2003 -que orilló la anarquía disolvente y el enfrentamiento civil– en una nación y un pueblo dueños de su propio destino. En ese contexto se inscribe la recuperación de los derechos fundamentales de los trabajadores instrumentadas a través de  políticas públicas de promoción del empleo, del poder adquisitivo del salario, de las negociaciones colectivas mediantes paritarias libres, de la legislación laboral protectora y ampliatoria de esos derechos y conquistas. Sobre esa plataforma se asienta las posibilidades concretas de seguir avanzando para nunca más volver al infierno de los 90´. Precisamente de eso se trata y a eso se refiere el título de estas reflexiones que invito a compartir.        

UN NUEVO PUNTO DE PARTIDA                                                                                                       
Este año 2015 puede tomarse como un hito en el tránsito del Proyecto Nacional y Popular Histórico que sentó presencia en los últimos doce años, con toda su significación y trascendencia. También como un nuevo punto de partida para la continuidad del proceso iniciado el 25 de mayo de 2003, que ya hemos comentado. De hecho, tal circunstancia está marcada por las elecciones que por mandato constitucional deben realizarse este año. Por eso el título de esta nota “2015 y después” remite a que los trabajadores como tales y como ciudadanos tienen ante sí y por sí mismos la oportunidad de decidir sobre su futuro y el de la sociedad a la que pertenecen, y hacer que trascienda el acto formal de votar y se constituya en un medio para consolidar definitivamente la recuperación y avance logrados.  Porque es muy importante y hay que celebrar poder elegir por séptima vez un gobierno constitucional, pero mucho más importante será que ese gobierno responda y defienda  solo el interés de la Nación Argentina y su Pueblo, ya que será la única manera de que los argentinos podamos tener certeza sobre el futuro de la patria y del propio.
Para que esto suceda hay que tomar conciencia de que no todos quienes vienen ya esbozando y adelantando sus propuestas manifiestan clara y expresamente el  compromiso de mantener y generar nuevas políticas de estado que mejoren y amplíen las actuales. Por el contrario, casi todos los que se oponen al gobierno nacional fijan como premisa “cambiar todo” para comenzar de nuevo arrasando con todo lo realizado por los que llaman despectivamente los gobiernos de “los K”, despreciando la opinión y el apoyo de la mayoría de los argentinos. Ante ello cabe preguntarse: ¿eso de cambiar todo significará, en el caso de los trabajadores, anular la vigencia de las Paritarias de Negociación Colectiva para reemplazarla por la Negociación por Empresas? ¿Reponer la legislación que permite y fomenta los contratos basura, la polifuncionalidad laboral, los tickets canasta?  ¿Suprimir el Consejo del Salario Vital Mínimo y Móvil? ¿Reemplazar por aumentos por decreto la ley de actualización bianual de los haberes jubilatorios? ¿Desmantelar los organismos de control y aplicación de legislación laboral? ¿Poner a Funes  de Rioja o a algún otro abogado enemigo de los trabajadores en el Ministerio de Trabajo? Es decir, ¿volver al tiempo del sometimiento y la conculcación de derechos? Porque el confuso y ambiguo discurso de la oposición política hace abrigar todas esas  dudas y otras peores. En cuanto a las políticas generales, ¿esos cambios serán para reemplazar la actual política de estado sobre los Derechos Humanos con sus objetivos concretos de Verdad, Memoria y Justicia, por otras ignominiosas leyes de Punto Final y Obediencia debida, o de indultos menemistas, promoviendo la reconciliación imposible con los responsables militares y civiles de la mayor tragedia sufrida por los argentinos?  ¿Anular la ley de Medios Audiovisuales para volver a  la  ley de la dictadura genocida, favoreciendo la concentración hegemónica de los medios informativos? ¿Derogarán la legislación que protege y amplía derechos de las minorías? ¿Reprivatizarán totalmente a YPF? ¿Volverán a privatizar el sistema de jubilaciones y pensiones y volverán las AFJP a manejar discrecionalmente y sin control sus recursos?  ¿Anularán el Plan de Viviendas PROCREAR para que sean los bancos privados los únicos dadores de créditos hipotecarios como antaño?
Estas son algunas de las muchas dudas sobre qué cambiarían si llegaran a ser gobierno. Y esto nos recuerda aquella sarcástica y vil expresión del ex presidente Menem “si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votan”. De ahí que cabe pensar que si los programas de gobierno de la oposición son sólo “de oposición”, seguro que esconden otros propósitos inconfesables o, en el mejor de los casos, gobernar con cualquier programa ya que no deberán responder a ningún compromiso con el pueblo. Por el contrario, así podrán estar al servicio de los sectores dominantes: los grupos económicos concentrados, las empresas extranjeras, la rancia minoría oligárquica, el monopolio de los medios de comunicación y, en especial, la política imperialista de los EEUU dictada por su embajada en nuestro país.
Este cuadro de situación debiera ser motivo de seguimiento y análisis para los trabajadores en particular, ya que la historia demuestra que cada vez que la oligarquía vernácula, con su odio visceral a todo lo que sea pueblo, y esos sectores dominantes lograron imponer por cualquier medio y a todo precio su proyecto político, fueron los trabajadores los principales perjudicados. Por cierto, ello no exime a ningún sector político o candidato presidenciable de mantener lo conseguido durante todos estos años y de corregir errores, equivocaciones o malas prácticas. Por sobre todo, de mejorar y profundizar los mecanismos, las políticas públicas y la gestión de gobierno que garanticen el bienestar de la sociedad toda y particularmente de los sectores más desprotegidos.

Así pues, este 2015 será un año cargado de expectativas y de acechanzas y lo que suceda este año se proyectará al después para bien o para mal. El recambio constitucional conlleva la posibilidad dejar definitivamente en aquel pasado ominoso a la Argentina del estallido del 2001, y seguir avanzando en la recuperación total de los derechos y conquistas conculcados por el neoliberalismo que imperó por más de tres décadas; pero también de que ese proceso iniciado el 2003 se detenga y retroceda y caigan todas las conquistas ganadas en ese tiempo. Esta circunstancia hace recordar al líder de los trabajadores Juan Domingo Perón que señalaba la necesidad de que “seamos artífices de un destino común y nunca instrumentos de la ambición de nadie” y que “los Pueblos que no luchan por su libertad merecen la esclavitud”

Por Manuel Reyes

 

 

 

 


 




 

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